sábado, 11 de agosto de 2012

¿Qué es la Huella de Carbono?

Qué es la huella ecológica?

La huella ecológica de un individuo (podría ser también un país o entidad) mide la superficie biológica necesaria para producir bienes y servicios consumidos por el individuo, así como la capacidad para asimilar los residuos que genera.
La biocapacidad representa la superficie de los ecosistemas para producir materiales biológicos y absorber materiales residuales de actividades humanas. A escala global la biocapacidad per capita es de 1,8 hectáreas globales.
Si la huella ecológica de un individuo o de un país dado está por sobre esa biocapacidad, el país o el individuo se encuentran en una situación de deuda ecológica, mientras que si está por debajo se encuentra en una situación de reserva ecológica.





Qué son las emisiones per cápita?

Existen al menos dos enfoques para estimar las emisiones de CO2 por habitante de un país dado. El primero, “top-down”, parte de considerar las emisiones nacionales y dividirlas por su población. Este el enfoque que se utilizó para hacer el mapa a que se encuentra a continuación.




Qué es la huella de carbono?

Hace unas décadas las calorías se convirtieron en nuestro peor enemigo. La obsesión por conocer en detalle cuánto engordan los alimentos que nos llevamos a la boca obligó a la industria alimentaria a detallar en sus envases el valor nutricional de los productos.
De entre toda aquella información facilitada, un dato se convirtió en sagrado: el que marcaba las kilocalorías. Recientemente, el afán por medir lo que ingerimos ha encontrado un análogo igualmente inquietante en la salud del planeta. El dióxido de carbono (CO2), se ha convertido en el nuevo enemigo público.
El CO2 es, como las calorías, necesario para nuestra supervivencia, pero en exceso se ha demostrado que altera el clima al potenciar el efecto invernadero natural de la atmósfera. Desde que se confirmó la relación entre las altas emisiones de carbono y el calentamiento del planeta hace unas décadas, los distintos gobiernos -unos más que otros- han ido tomando, sobre todo en los últimos años, medidas para intentar frenar el cambio climático.
Pero algo ha vuelto a cambiar en los últimos años. Las grandes políticas internacionales están dejando paso a las pequeñas acciones locales e individuales. Ya no se trata de esperar pasivamente a que las industrias reduzcan sus emisiones. El nuevo concepto de huella de carbono indica que los consumidores emiten tanto o más que los fabricantes al hacer uso de los productos manufacturados. Es decir, utilizar el coche conlleva más emisiones que fabricarlo. La huella de carbono se refiere a la cantidad de emisiones que recae sobre un individuo3 al consumir un producto o servicio, incluyendo las emisiones indirectas vinculadas a su fabricación. Y casi todo, incluso comer, deja su huella.
Muchas las actividades cotidianas generan emisiones de carbono que contribuyen a acelerar el calentamiento global y el cambio climático. Por ejemplo, al conducir un coche, cada litro de nafta que se quema genera carbono en forma de dióxido de carbono.
Si bien depende del consumo del vehículo y los kilómetros recorridos, un auto naftero bien puede generar su propio peso en dióxido de carbono cada año. En este caso, se puede reducir la huella de carbono optando por un vehículo de menor consumo o utilizando menos el coche.
La dieta del carbono ha comenzado. Algunos países ya tienen asentada la costumbre entre la población de medir el CO2 implicado en cada una de las acciones individuales de la vida cotidiana. Es en este contexto, que la SAyDS presenta la primera versión de su calculador de carbono con el objeto de que la población tenga una idea más precisa sobre el efecto individual que provoca su actividad y sobre aquellos aspectos de su estilo de vida a los que debe prestar la mayor atención.